Feeds:
Entradas
Comentarios

After dark


–Quiero decir que yo, entonces, lo veía así. Fuera lo que fuese lo que hubiese ocurrido, mi padre no tendría que haberme dejado solo. No debería haberme dejado huérfano en el mundo. No tendría que haber ido, bajo ningún concepto, a la cárcel. Por supuesto, en aquella época, yo no sabía con exactitud qué era la cárcel. Sólo tenía siete años. Pero me la imaginaba como un enorme armario empotrado. Oscuro, temible y aciago. Mi padre jamás debería haber ido a un lugar así. –Takahashi interrumpe su relato–. ¿Tu padre ha estado alguna vez en la cárcel?
Mari niega con la cabeza.
–Yo diría que no.
–¿Y tu madre?
–Tampoco.
–Tienes suerte. Eres muy afortunada de que la cárcel no haya entrado en tu vida –dice Takahashi. Sonríe-. Aunque seguro que tú no te das cuenta.
–Es que nunca me lo había planteado.
–La gente normal no suele pensar en ello. Pero yo sí.

After dark, Haruki Murakami



Nunca podremos ver una revolución social si antes no triunfa una revolución personal para conocernos a nosotr@s mism@s: un proceso de cuestionamiento interior, sin líderes ni partidos; sin dogmas ni credos políticos. Pero esta revolución interior nunca podrá ser transformadora si no cuestionamos nuestros propios parásitos (ego, identidades, trajes y máscaras que usamos en sociedad y que asumimos como nuestro “yo”, mecanismo de defensa contra el miedo a los demás y a nosotr@s mism@s).

El resultado de este proceso revolucionario sería nuestra propia liberación, reconociéndonos en l@s otr@s, en la humildad y la honestidad, aprendiendo a no engañarnos ni engañar a nadie… Aceptándonos y amándonos, primero a nosotr@s y luego a l@s demás, que no son más que espejos.

Pero esta liberación nunca será posible si no nos liberamos antes de todas nuestras creencias esclavizadoras (las herencias culturales, familiares, sociales, de grupo…), de nuestras ideas compradas a módico precio en el mercado del Patriarcado (sexualidad castrada, machismo, feminismo patriarcal…), si no rompemos los barrotes de los códigos de barras que mercantilizan la vida, los seres humanos y la naturaleza misma (y que convierten el planeta en un inmenso monopoly con barra libre para la destrucción), si no tiramos abajo los aparentemente invisibles prejuicios raciales contra los invisibles, los prejuicios mentales contra quienes piensan distinto, el prejuicio de que el ser humano está por encima de los demás seres vivos animales y vegetales, o el que dice que siempre ha habido clases y que la paz de unos debe ser pagada por otros en la guerra… Si no combatimos por recuperar el sagrado territorio de la infancia (los juegos, las risas, el estar presente, el entusiasmo, la magia en los ojos, el surrealismo…), si no afrontamos nuestras adicciones a la autodestrucción (comida basura, ocio basura, telebasura, sexo basura, relaciones basura… complacencia de no ser un@ mism@ para suplicar la aprobación de l@s demás), si no nos liberamos de todos los trapos de colores que usamos como banderas y de todas las religiones que nos usan como si fuéramos sus trapos bajo la promesa de calmar el ahogo existencial del hombre…

Sólo así, desde nuestro centro hacia afuera, todas y todos juntos, llegaremos algún día a conocer hombres y mujeres libres. Mientras sigamos acatando, y no atacando, la norma que nos quiere domesticados, infelices, mansos, consumistas… en definitiva, dóciles y manejables para estar cada un@ separad@ del otr@ y de sí mism@. Mientras sigamos combatiendo el maltrato (no cuidarnos, no cuidar a l@s demás, no cuidar el planeta) con maltrato, cuando nos creemos que “estamos en la brecha” y no hacemos otra cosa que descuidarnos y descuidar a l@s demás en pos de unos nobles ideales… Mientras tanto, seguiremos condenados a vivir en las jaulas de tierra de esta normalidad en la que está permitido comunicarse y ser feliz. Donde no existe ley que dicte que esté prohibido volar. Pero vivimos en la cultura del miedo, en la que nos hablamos sin mirarnos al alma, nos abrazamos sin tocarnos, le pedimos al niño que se comporte como un adulto, y al adulto que camine siguiendo cada una de las leyes sociales…

Y tú, si piensas que eres libre, es que aún no has volado lo suficiente como para encontrarte con tus propias rejas.


“Recuerdo aquellos días como si siempre fuera de noche”, nos comenta Rafael Seco de Arpe, “Fierro”, responsable del aparato de propaganda de Castilla en el FRAP (Frente Revolucionario Antifascista y Patriótico) en 1975. “Esas calles desiertas, húmedas y que no llevaban a ningún sitio, con el peligro acechando en las esquinas, o en los negros coches de los sociales, se me siguen apareciendo en mis pesadillas”.
Él fue testigo de los últimos coletazos del franquismo. Los años de plomo en que tantos jóvenes fueron apresados, torturados y encarcelados por motivos políticos por el aparato represivo. La lista de asesinados en los 70 hasta la muerte de Franco llega a las 44 personas.

Un sistema que llegó avasallando a la población civil, y murió de la misma forma, con la intención de llevarse por delante a quien opusiera resistencia. En los años de la posguerra, las causas de muerte que llenaban los expedientes de los ejecutados en las prisiones fascistas siempre decían lo mismo: “Muerto en intento de fuga”. Como una macabra repetición del destino, los que caían en los últimos años del franquismo encontraban al día siguiente en los diarios del régimen su epitafio en el titular que informaba que habían intentado matar a un policía.

El reloj de Xosé Humberto Baena, militante del FRAP de 24 años de edad, marcaba las 22:15 la noche del 22 de julio de 1975, cuando fue abordado por policías en la calle Apodaca. Al ser arrojado violentamente al suelo en su detención, su reloj se quedó parado, y ya nunca más volvería a andar. Comenzó entonces el esperpento macabro de un Consejo de Guerra franquista (con civiles) en el que le acusaron de haber matado a un policía (Baena firmó la declaración tras unas interminables jornadas de tortura, y porque nunca pensó que lo fueran a matar). Otros compañeros del Frente habían sido detenidos. Al término del juicio farsa más salvaje de la justicia española, dos miembros de ETA y tres del FRAP (entre ellos, Baena) fueron ejecutados. Los tres últimos en Hoyo de Manzanares, la madrugada del 27 de septiembre de 1975, aplicando el franquismo su principio inexorable de la crueldad inútil que acompañó al régimen durante sus cuarenta mil días. Ni las peticiones de clemencia al rey (que ya salvaguardaba los intereses del Estado), ni las peticiones del mismo Papa a Franco, ni la presión internacional, el asalto a la embajada española en Lisboa, la petición mexicana de expulsión de España de la ONU… nada pudo parar la bota de la venganza. Los batallones de ejecución estaban formados por policías y guardias civiles voluntarios, gente que aún hoy sigue viva y que no guardarán en su almohada las mismas pesadillas que refiere Fierro en sus noches. Flor Baena, hermana de Xosé Humberto, recuerda que aquel día el batallón iba pletórico a realizar su tarea, y una vez tiroteado el joven vigués lo celebraban delante de los familiares y amigos como si estuvieran brindando por una victoria.

Luis Eduardo Aute escribió aquellos días Al alba, en la que cantaba “presiento que tras la noche vendrá la noche más larga”. Promiscuals, de la mano de José Ángel Lázaro, dedican esta canción al documental “Septiembre del 75”, con la esperanza de poner fin a la noche más larga, que no era la muerte a tiros en el pelotón de fusilamiento franquista, sino la que vino después, y que habla de la amnesia, del “Borbón y cuenta nueva”, de la invisibilización de la página arrancada de la historia, la cal en la memoria para que no se sepa que hubo miles de jóvenes que se entregaron en vida, hace tan solo un puñado de años, para que el monstruo no muriera como murió (en la cama, dejando todo atado y bien atado en el estamento judicial y con demostraciones de poder absoluto, nombrando a su propio heredero) y se abriera un proceso verdaderamente democrático y popular.

Flor Baena sigue luchando hoy (recogiendo el testigo de su padre y de su madre) por la anulación del juicio que mantiene en la historia que su hermano fue un asesino. Manteniendo la llama de la vela que le dejaron sus padres desde 1975 por recuperar la dignidad y la memoria de Xosé Humberto, para que de una vez, por fin, su reloj pueda volver a caminar y aparezca algo de luz en la noche del olvido.

Las cartas que Baena escribió desde la prisión de Carabanchel (otro de los símbolos de la crueldad franquista desaparecido de la memoria recientemente por quienes hablan de memoria histórica y son incapaces de reparar a las víctimas del franquismo), cartas que se pueden encontrar por internet, acaban resultando una tesis sociológica sobre cuáles eran las condiciones de vida de los jóvenes que decidían dar el salto a las organizaciones revolucionarias para tratar de luchar por mejorar sus condiciones de vida. A él le detuvieron una vez en Vigo, en una manifestación estudiantil (era estudiante universitario), y ese acto incauto le costó el empujón hacia la marginación social contando con apenas 20 años de edad (la policía le retiró el “código de buena conducta”, necesario para conseguir un trabajo, y hubo de decir adiós a su prometedora carrera para condenarse de por vida a trabajos eventuales, indignos y peligrosos (acabó de peón de fundición), y terminar huyendo de su ciudad natal por presiones policiales tras participar en la colecta para pagar la tumba de un obrero de Fenosa tiroteado por un guardia civil en un Primero de Mayo en Vigo).

Hoy, estos antiguos hijos del pueblo se contarán por miles y seguirán viviendo, sobreviviendo, en una España que los ignora y que decidió no mirar siquiera a los responsables de tantas masacres, en los días en que asistir a un Primero de Mayo o realizar una pintada en solidaridad con los compañeros se convertía en un arriesgado asunto de vida o muerte.

Desde el 6 de noviembre, podemos ver en el Pequeño Cine Estudio la película “Septiembre del 75”, que acaba de ganar el 2º premio de la sección Tiempo de historia de la Seminci.


Desde que tenía 14 años, el joven Amadeu Casellas se entregó al ideal anarquista. En aquellos tiempos vivía bajo la bota del franquismo, y el ambiente de conflictividad social exigía cada día respuestas por todos lados. Poco después, a finales del año 1975 murió el perro (en la cama), y quedó la rabia. La rabia porque todo, como avisó el jefe del Estado desde casi la ultratumba, había quedado atado y bien atado: en unos meses se firmaría una paz basada en la amnesia y la amnistía general (incluida la del Régimen, que durante 40 años llevó a cabo la mayor de las represiones vividas en Europa Occidental tras el Holocausto nazi).

Así que en 1976, Amadeu participa en numerosos atracos a bancos para ayudar a financiar las luchas obreras de esa Transición tan idílicamente representada en los documentales actuales. La prensa de entonces lo llegó a denominar “el Robin Hood español”. Las incontables jornadas de huelga (y la salvaje represión que se ejercía contra la juventud en los también incontables asesinatos –Reboiras, Ruano, los asesinados el 3 de marzo en Vitoria, los del 27 de septiembre en Madrid y Catalunya, los abogados laboralistas de Atocha, los sanfermines del 78, Gladys del Estal en el 79…) hacen que el clima laboral tome un cariz pre-revolucionario, ante el cual las cúpulas de los sindicatos y los partidos obreros mayoritarios decidieron cometer la mayor de las traiciones a sus propios ideales, firmando una rendición ratificada en los Pactos de la Moncloa.

Casellas es detenido en 1979, año en el que entra en la Modelo barcelonesa. También son los años de los motines de la COPEL (Coordinadora de Presos En Lucha), acciones por la dignidad en las prisiones, como formas de protesta por la terrible situación de las masificadas cárceles del Estado en aquellos años, donde la convivencia entre presos, heroína y tuberculosis (sustituido posteriormente por el sida) estaba patrocinada por el Ministerio del Interior.

Prácticamente desde entonces (cuando salió en 1981, volvió a atracar bancos para seguir devolviendo el dinero robado –por los bancos– a los movimientos en lucha y a las personas necesitadas, y así volvió a entrar en prisión en 1982 y en 1985 por última vez), Amadeu no ha conocido la libertad. En su historial “delictivo” no constan delitos de sangre, y seguramente si sumamos todo lo que robó hace más de 30 años no llega ni a igualarse con las stock options que cobrará un solo directivo cuando toca reparto de beneficios anuales en el Banco de Santander, ni a la cantidad que haya “desaparecido” según los sumarios de Gescartera, de la PSV o de cualquier cooperativa inmobiliaria, filatélica o de ahorros que se juega en el casino sus activos y los pierde.

Desde 2008, Casellas se está pudriendo entre la humillación y la invisibilización absoluta. La ley, que trata a los seres humanos según su condición, establece un tope de años de condena, y Amadeu los cumplió el año pasado, en que debía conseguir automáticamente el Tercer Grado. Pero se le considera peligroso, porque la ley defiende antes a la propiedad que a las personas. Por eso lo mantienen a la fuerza en la cárcel. Y por eso él ha iniciado ya varias huelgas de hambre. La última ya suma más de dos meses, y desde el 7 de septiembre ha anunciado que suma una huelga de sed a su ya precarísimo estado de salud, y que llegará hasta el final. Sus carceleros desde hace tiempo no le permiten recibir visitas y le intervienen el correo con las muestras de apoyo, que ya nunca le llegan. Y desde instituciones penitenciarias le responsabilizan de todo lo que suceda fuera de las cárceles, con lo que cualquier denuncia que se hace de su situación le pasa factura entre las invisibles rejas de nuestra democrática sociedad.

Una persona digna en un mundo que nos quiere sumisos.
Si hubiera elegido el camino de la rendición cuando tantos compañeros de viaje se subieron al tren que circulaba a toda velocidad por la tercera vía, probablemente ahora habitaría el confortable despacho de una de las sofisticadas lavanderías del establishment político (un sindicato, una ONG, una Fundación, quizá un partido político… u otras formas de existencia del funcionariado).

No lo conocemos, pero sabemos quién es. La BSO de Hechos Contra el Decoro nos da la pista: “¿Que sabes de mi vida? ¿Y qué te voy a contar? No te he visto nunca, y te conozco bien. Como la moneda esto tiene dos caras: por un lado el obrero, y por otro, el burgués…”
Seguro que él soñaba desde los 14 años con el lema de los anarquistas de los años 30, que en los vehículos de los milicianos y en sus banderas negras, exhibían orgullosos y esperanzados la consigna “U.H.P.” (“Uníos, hermanos proletarios”). Ahora esas son las siglas de lo que cada día le alcanza a ver la vista entre los barrotes, hasta que sus ojos de luchador libertario, tras casi 30 años privado de libertad, se acaben por apagar mientras la sociedad, que debía reconocerlo y liberarlo, lo ignora: U.H.P. (Unidad Hospitalaria Penitenciaria).


Mañana comienza la vuelta al cole… Esa institución tan incuestionable, no ya solo por las fuerzas políticas o agentes sociales de nuestra sociedad, sino también por las fuerzas políticas y los agentes policiales de nuestra propia conciencia.

Una cárcel positiva y levantada para nuestro bien, un recinto vallado para nuestra seguridad, un horario férreo para fomentar nuestra disciplina, una amenaza de expulsión permanente si no se acatan las reglas bajo el principio de autoridad… todos ellos principios fundamentales del sistema. Un sistema tan evolucionado que nos ofrece prisiones sobre un envoltorio atractivo (la publicidad que nos vende una felicidad alcanzable en largos plazos, las cadenas del trabajo precario que nos ofrecen para conseguirla, los modelos de ocio, de sexualidad, de familia, de pareja, que nos vende la educación televisiva a través de sus series, películas, prensa rosa y demás inocentes espectáculos modernos…)

La escuela del mundo al revés. Todo comienza en el momento tan vulnerable en que las criaturas forman su sensibilidad y su carácter… en el que se les quedará impreso para siempre el sello de la carencia y quedarán marcados sus rasgos esenciales y sus emociones. Niñas y niños que en tantos momentos desean ver la escuela ardiendo, cuando se convierte en un cementerio de sueños e ilusiones, un reloj parado que mantiene secuestrada la magia de los ojos infantiles, una creatividad perdida, un contenedor de las frustraciones de profesores derrotados, esa flecha cuyo final está marcado ya en tantos casos, y cuyo destino infranqueable es ser la carne de cañón tan imprescindible para que funcione el sistema… Niños y niñas uniformados que si no son como los demás quieren que sean, no les será devuelto el amor. Niños y niñas camino de convertirse, a pasitos cada vez más rápidos, como explica la película “Revolver”, en “monos trajeados suplicando la aprobación de los demás”.

Niñas y niños que sólo desean entregarse al juego, y acaban viéndose sometidos al mundo y a los principios de los adultos, desde la escuela a la casa. Magia, brillo, creatividad, iniciativa… acaban perdidas en el extinto País de los Sueños, para ser sustituidas por disciplina, obediencia y reglas (reglas no sólo para convivir, sino también para crear y para jugar). “El sistema que nos enfermó, nos enseña a leer y escribir”, decía una canción de Rage Against The Machine. Nuestro paso por la escuela cumple a la perfección las instrucciones de los que Nico Hart llamó los tres ejes de la mercantilización escolar: formando al perfecto consumidor, a la mano de obra necesaria y al audaz competidor que se lance a la conquista de los mercados. Formados para aprender nuestros deberes, la escuela no nos enseña a buscar nuestros placeres. Los itinerarios educativos de la educación bancaria y el silencio reverencial ante la figura del profesor hablan poco (y cada vez menos) de la formación emocional, espiritual, creativa o sensitiva de los educandos, ni del profundo valor transformacional de la lectura. Qué decir del fomento del reconocimiento del otro, o del apoyo mutuo, cuando individualismo y libre competencia son los principios transversales desde la educación al mercado.

Una escuela que tan a menudo genera prejuicios en vez de inquietudes, bloqueos en vez de estímulos… Decía Galeano que “el mundo trata a los niños ricos como si fueran dinero, para que se acostumbren a actuar como el dinero actúa”, y que “mucha magia y mucha suerte tienen los niños que consiguen ser niños”. Miedos, llantos, creencias negativas sobre nosotros mismos, quedan escondidas en nuestros agujeros secretos, que solo unos pocos afortunados podrán tocar después, de adultos, si tienen las herramientas adecuadas para iniciar ese viaje de recuperar el poder.

Una escuela que nos educa en una sola dirección, sin fomentar el pensamiento crítico y la capacidad de cuestionarlo todo. Quizá sea por eso que los media informan de los padres que no llevan a sus hijos a la escuela como si fueran delincuentes, mientras lo normal y bien visto es que los padres lleven a sus hijos a la escuela cuanto antes mejor (y les apunten a todas las extraescolares que se pueda) para que no molesten en casa. Y hace no tanto, Iñaki Gabilondo avisaba de los peligros que entrañaba no escolarizar a los niños (“¿qué problemas de socialización no tendrán después?” era la simpática frase que dejaba colgando al final), vendiendo el miedo y la idea de que, quien no escolariza a una criatura, lo encierra bajo llave en un baúl. Lo bien visto es que los niños estén educados atados a la pata del televisor, principal educador de la familia.

En el Estado, unas 4.000 niñas y niños (unas 2.000 familias) forman parte del colectivo que se educa en formas alternativas a la escuela, ya que aquí la educación es obligatoria (otra trampa, ya que sobre el atractivo principio de evitar que muchos jóvenes comiencen a trabajar antes de tiempo, se criminaliza a quien quiere apostar por hacer algo diferente, no desde los intereses del padre sino desde los intereses del niño; no desde los intereses del Estado o del mercado sino desde los intereses del niño, que acaba siendo objetivo del Estado y de sus programas educativos).

Mientras, en EE UU la cifra de gente que “crece sin escuela” supera el millón de criaturas, que son educadas ya sea en casa o en colegios no reglados. El principio es “acompañar” al educando, no imponer. Asesorar sobre la plena dedicación a él, no indicarle el camino bajo el miedo a no ser respetado por él o por el grupo. Aquí, sin embargo, la presión escolar, el abandono, el fracaso, el bullying y la conflictividad, cada día lamentablemente ocupan más espacio entre los titulares cotidianos.

Al final, no es más que un ladrillo en la pared…, al final, no eres más que una pieza más en el engranaje del sistema…

poema de nieve y fuego


TIERRA DE FUEGO
Los turistas se desperezan y excitan
cuando la cresta del glaciar se resquebraja.
Ese derrumbe de la naturaleza gótica
provoca exclamaciones de jubiloso espanto.
Tal vez retrocede por vergüenza,
tal vez por los disparos de los flashes,
tal vez por los lamentos de asombro.
El éxito, la extinción.
La naturaleza, sí, imita al arte.

TERRA DE FOGO
Os turistas espreguízanse e excítanse
cando a crista do glaciar escacha.
Ese derrubamento da natureza gótica
provoca exclamacións de xubiloso abraio.
Talvez retrocede por vergoña,
talvez polos disparos dos flaxes,
talvez polos laios de asombro.
O éxito, a extinción.
A natureza, si, imita a arte.

TERRA DE FOC
Els turistes fan estiraments i s’exciten
quan la cresta de la glacera s’esquerda.
Aquest esbucament de la natura gòtica
provoca exclamacions de joiós esglai.
Potser torna enrere per vergonya,
potser pels trets dels flaixos,
potser pels laments de sorpresa.
L’èxit, l’extinció.
La natura, sí, imita l’art.

SUAREN LURRALDEA
Turistak urduritu eta artegatu dira
glaziarraren gandorra zatitzen denean.
Izaera gotikoko amiltze horrek
harridura pozgarriko oihuak sortzen ditu.
Agian lotsarengatik atzerantz egiten du,
agian flashen argiengatik,
agian harridurazko kexu oihuengatik.
Arrakasta, suntsipena.
Izadiak, bai, artea imitatzen du.

(La ilustración es de El Roto, el poema de Manuel Rivas, de su último poemario tetralingüe. Su lectura nos permite, gracias a Biel Mesquida, Jon Kortazar y él mismo, adentrarnos en emociones, sonidos y demás entrañas del lenguaje -y sentir cómo cada lengua se adentra en el glaciar que se entrega al agua, buscando, rozando y acariciando la nieve y el fuego- a partir de la misma imagen visual de fondo).